Incongruencias históricas. ¿Hasta dónde podemos llegar?

jueves, 28 de febrero de 2013



Hola a todos,

En ocasiones, sea mediante una entrada en el blog o en las redes sociales, suelo abrir algún pequeño debate. Y esta vez le toca a las "licencias históricas" de nuestras amadas novelas.
Leyendo novelas de distintos géneros, a veces me he encontrado con libros ambientados en cierto periodo histórico específico que, sea a propósito o por ignorancia de su autor, reúnen unas cuantas incongruencias que me han hecho chirriar los dientes.
Cuando escribo narrativa o romances históricos procuro ser lo más rigurosa posible en los hechos, fechas y datos en general de la época en la que ambiento mi novela, aunque, lógicamente, algún error seguro habré de cometer. Sin embargo, pienso que tomarse licencias demasiado evidentes puede desembocar en un desencanto por parte del lector, sobre todo de aquellos que tienen ciertos conocimientos de historia. Y en el caso de querer "encajar" esa parte de la historia y para eso tener que modificar algunos datos, el autor debería decirlo al final del libro, ¿no creéis?
¿Vosotros qué pensáis? ¿Hasta dónde toleraríais las licencias históricas?

Abrazos,


Miranda K.

30 comentarios:

Olivia Ardey dijo...

Rigor absoluto si queremos que como escritoras se nos tome en serio. Esa es mi opinión y la sigo al pie de la letra. Cuando el autor se toma una licencia, creo que debe explicarlo y el motivo de esa decisión en una nota al final para que el lector sepa que no se trata de error sino de un hecho voluntario que obedece a una razón literaria.
La romántica histórica es la más apasionante de escribir y a la vez la más ingrata, porque el proceso de documentación es extenso y farragoso, y para colmo sólo se puede incluir en la trama un 10% o menos de la documentación obtenida, para no saturar al lector. Aún así, considero que si no somos rigurosas y fieles a la época, jamás se nos tendrá en cuenta como escritoras.
Claro, que esa es mi opinión, yo respeto el hacer de cada cual pero no dejaré de escribir como escribo, o sea, documentándome a conciencia.
Un beso, Miranda.

Miriam Moreno dijo...

Estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, la licencia más evidente y creo que necesaria es la de la personalidad de los protagonistas. Los hombres, no eran tan generosos con las mujeres y mucho menos "grandes amantes de sus esposas" y las esposas no podían mostrar placer en la cama, tomar la iniciativa, o llevarle la contraria, a riesgo de que les dieran una soberana paliza, las repudiaran o vete a saber. No obstante, pienso que es necesario que se hagan estos cambios porque ninguna mujer actual se sentiría atraida por un hombre con la mentalidad de la época de la Regencia (por ejemplo) y mucho menos por un caballero del siglo XII.

Aún así, creo que a veces sí se dan datos que hacen rechinar los dientes como bien dices, y estoy de acuerdo contigo en que se debería explicar esas licencias, porque muchas veces leemos algo y pensamos que simplemente por estar en un libro es un dato correcto...(estoy segura de que también ha habido gazapos que no he notado y he dado por válidos)
Un beso! Un debate muy interesante Miranda :)

Miranda Kellaway dijo...

Gracias por tu opinión, Olivia. Estoy totalmente de acuerdo. Rigor máximo, es lo que tiene ser escritor.
Un beso.

Miranda Kellaway dijo...

Miriam, eso que dices de las personalidades es un punto muy interesante. Podríamos también añadir el lenguaje. A veces he leído libros que intentan hasta imitar el lenguaje de la época, una forma totalmente "barroca" de hablar y absolutamente ininteligible. Debemos adaptar algunas cosillas a nuestro tiempo sin pasarnos. Eso sin duda.

Un besito.

Miriam Moreno dijo...

Ahora que lo dices. Cuando empecé a escribir mi novela online "La pequeña florecilla" que es de época de la Regencia, me plenteé eso mismo sobre el lenguaje y algunas lectoras me dijeron que las había desubicado el lenguaje "actual" aunque pasados unos párrafos lo agradecían y me pidieron que lo siguiera manteniendo en esa línea.

Isabel Keats dijo...

Yo creo que si tratas de pasar por verdadero un dato que no lo es, lo tienes que explicar sí o sí; además hay que cuidar el lenguaje de los personajes y del narrador al máximo, pues a veces aparecen expresiones que son más del SXXI que del SXIX, por ejemplo. A mí en concreto, me molesta que la personalidad de los protagonistas tampoco vaya con la época, entiendo que puedes tomarte alguna licencia como dice Miriam, porque si no la mujer no tendría ningún papel en la novela pues en muchas de esas épocas estuvo completamente sometida, pero de ahí a encontrarse una heroína que parece una adolescente liberada y que hace lo que le viene en gana en cada momento, pues como que no. Aunque claro, como yo no escribo histórica, a lo mejor soy demasiado exigente con los demás jaja.

Carmen Cano dijo...

Rigor es algo muy importante. Estoy de acuerdo con Olivia. Más que nada por que soy una lectora con conocimientos en historia y ciertas cosas me chirrían mucho, tanto que a veces soy incapaz de seguir leyendo la novela. Valoro mucho en las novelas históricas la buena documentación y por tanto ambientación. Soy una lectora voraz pero muy exigente. He de decir que la Regencia no es mi fuerte pero también estoy de acuerdo con Miriam en el punto de las personalidades. Hay que adaptar ciertas cosas pero con cuidado y sin pasarse. El tema del lenguaje también hay que tenerlo en cuenta, hasta cierto punto, tiene que ser acorde con la época en la que se esta ambientando la novela.

Un beso.

Claudia dijo...

Totalmente de acuerdo, si leo histórica no quiero encontrarme no sólo con incongruencias de cosas que sucedieron en esa época (que seguramente muchas pasarán desparcibidas para mí porque no soy una gran conocedora de la historia), sino que también en la forma de expresarse de los personajes. Me ha pasado de estar leyendo histórica y los personajes hablar como si estuvieran en el año 2000... y eso mata todo el libro.

Besos
Claudia - Libros de Romántica

Olivia Ardey dijo...

En eso os doy la razón absolutamente. Si no recreáramos con imaginación la manera de actuar, hablar y conducirse de los personajes... No hay que olvidar que escribimos ficción y dado que el nuestro es un género amable ni por asomo cabrían actitudes fidedignas propias de siglos pasados en cuanto al trato hacia la mujer, los niños o la higiene.
Me refería al entorno, a la ambientación, a los hechos históricos que se citan, a los detalles costumbristas... Y también os digo otra cosa, a mí es facilísimo engañarme y colarme un gol, yo lo doy todo por bueno cuando leo. Pero cuando escribo, que la responsabilidad es mía, ahí sí procuro ser fiel y rigurosa, por respeto a los lectores.

Ana Iturgaiz dijo...

Pues por lo que veo, estamos todas de acuerdo. Yo también intento ser lo más rigurosa posible, aunque siempre se escapa algo porque son miles de detalles a tener en cuenta.

Sinceramente, a mí me gustaría incluso poder adaptar las personalidades de los personajes al momento histórico, pero, como decís, se corre el riesgo de crear un personaje menos interesante. De todas maneras, en todas las épocas ha habido mujeres fuera de lo común (y que han tenido que tirar para adelante como han podido), así que con un poco de cuidado tampoco creo que nos salimos tanto de lo que fue.

Miranda, un tema genial.

Besos.

Claudia dijo...

Estoy contigo, a mí me gusta que los personajes no sean exactamente como en esa época, si fuera así no creo que a las lectoras nos gustase jajaja. Me gusta que sean diferentes, pero en lo que se refiere al contexto y a la forma de expresarse si que me gusta que sean acorde a la época.
Y en eso creo que pensamos todas igual :)

Besos
Claudia - Libros de Romántica




Miranda Kellaway dijo...

Es cierto lo que decís de las personalidades. Teniendo en cuenta el machismo imperante en la época, seguro que nuestros caballeros decimonónicos no gustarían tanto si les retratáramos tal cual eran, aunque siempre procurando no pasarse de la raya.
Olivia, recuerdo que, en cuanto a licencias históricas, nos das un buen ejemplo en tu novela Dama de Tréboles. En ella "adelantas" un acontecimiento histórico veinte años (creo), pero luego lo explicas al final del libro. Eso nos da a las lectoras la sensación de que no se te escapa nada, y que sabes de lo que hablas.
Ana, lo tuyo es aún más chungo, jajajaa!!! puesto que tus novelas (excepto Es por Ti) están ambientadas en una época donde la mujer era un cero a la izquierdíiiiiiiiiiiiisima, y aún así, tus protas femeninas tienen enganche.

Pilar Cabero dijo...

Intento ser lo más fiel posible al momento histórico. Que la ambientación e incluso, dentro de lo posible, que las reacciones de los personajes correspondan a la época. Claro, que no soy historiadora y habrá muchísimas cosas que se me escapen.

Un buen debate.
Besos,

Cincuenta Sombras dijo...

Hola, soy administradora del blog www.cincuentasombras.blogspot.com, al cual estáis todas invitadas. Mi opinión sobre el tema como lectora en este caso, es que debe haber rigor sí o sí. Yo misma me he aficionado a las historias en la época Victoriana, y este mismo verano me fui a Inglaterra para conocer las mansiones y palacetes que se describían en los libros. Para mí ha sido todo un placer comprobar que las descripciones eran las acertadas, y no dejaba de imaginarme a los protagonistas de las novelas viviendo las aventúras de amor en aquellos jardines y dormitorios de lujo. Rigor absoluto!!!

Mills Bellenden dijo...

Bueno yo la verdad es que me mantengo lo más fiel posible a los acontecimientos históricos. Y sólo altero aquellos que benefician a la trama de la novela. Ahora bien, también tengo el punto de vista de mis editores de Vestales, y en ocasiones hemos acordado no modificarlos, o hacerlo de una manera que no sea demasiado exgerado. Creo que se puede modificar en beneficio de la trama, pero si Napoleón perdió la guerra, hacerle ganarla en un novela, no sé hata que punto puede ser considerado oportuno. Tampoco creo que la gente le moleste que ciertos elementos históricos se modifiquen siempre y cuando la novela sea buena.

Un saludo
M.B

La Dame Masquée dijo...

Yo estoy totalmente de acuerdo con usted. A veces se leen unos disparates indignantes, en parte porque mucha gente que no conoce el tema más que a través de dicha novela, acaba con ideas totalmente equivocada, y lo único que se aprende son errores. Es un auténtico atentado contra la cultura. Pienso que la creación es libre, y que uno puede inventar cuando quiera, por supuesto, aunque sea sobre personajes reales. Incluso me gusta mucho eso. Pero siempre y cuando se deje claro hasta qué punto es ficción, y, desde luego, siempre tratando de evitar decepcionantes anacronismos que nos sacan del contexto histórico y nos hacen muy difícil disfrutar de la lectura.

Feliz día, madame

Bisous

Lydia Leyte dijo...

Rigor y coherencia con la historia que se narra y con la época, tanto si es novela histórica, contemporánea o ciencia ficción. Hay que documentarse bien para no meter la pezuña. Y si, por alguna rezón se tergiversa algún hecho concreto, o se adelanta o atrasa en el tiempo, hay que explicarlo.

Marie April dijo...

Comparto la mayoría de opiniones y, como a Olivia, es muy posible que me cuelen un gol con facilidad, pero a veces se nota a la legua que hay algo que no cuadra y si no está justificado por el autor, lamentablemente, la novela pierde puntos -mi opinión como lectora-.

Otra cosa es que se adapte la personalidad de los personajes al género, cosa que me parece absolutamente necesaria.

Un besazo.

Juanjo dijo...

Es interesante la propuesta, Miranda. Una novela, generalmente, persigue entretener al lector. La novela histórica, sea romántica, sea de hachazos, ha tenido un éxito importante porque el público entiende que leyéndola, a la par que se entretiene, aprende historia. Y eso no es verdad. Podemos aprender en una novela, llamémosle "Los Pilares de la Tierra", costumbres, edificaciones y modos de vida (tanto justas como injustas) de la Edad Media, pero el guión argumental de la historia es la construcción de una catedral que pertenece a la ficción. En su novela "Ecos del destino", apreciamos una coherencia en el modo de comportarse los personajes, en cómo visten y en cuales son sus credos y las censuras a las que pueden verse sometidos por llevarlos a cabo. Entiendo que lo que usted critica sea que en una novela ambientada en Inglaterra, en la época victoriana, aparezca un Ferrari llegando a un taller donde los robots le cambien las ruedas envueltos en luces de colores fluorescentes y música de sintetizadores. Pero, ¿no cree usted que dejando a un lado el rigor y la coherencia histórica, un caso así tiene, para bien o para mal, que sorprender al lector? ¿Qué se persigue con la literatura? Yo hace bastante que dejé el tópico de "escribo para mí". Yo escribo para que me lean, o para que me quieran, como decía Federico García Lorca y si consigo las dos cosas, perfecto. La literatura es tan grande que permite licencias que permiten a un hombre del año 2056 aterrizar en el Londres de 1898, siempre y cuando esta aparición responda a una historia que impacte en el lector y deje una huella en él. Si queremos aprender Historia, hay unos manuales fantásticos. Y aunque hay novelas maravillosas, como la suya, que nos da una idea de cómo era el mundo hace poco más de un siglo, y que es una delicia el leerla, no me cierro ni rechino los dientes si viera un Boeing 747 volar los cielos medievales.

Esto dependerá por supuesto de lo que esperamos como lectores. En mi caso, una historia que me enganche y me saque de este presente miserable que vivimos, que me haga viajar y empatizar con sus personajes. Quizá por eso, el rigor histórico, en mi caso, se quede en un segundo plano.

Un saludo cordial, milady.

Miranda Kellaway dijo...

Cierto, Juanjo, pero una cosa es el Steampunk, y otra muy diferente el pretender escribir una novela histórica y pasarse la historia por el arco del triunfo. Eso no se puede hacer. A no ser que, claro, mezclemos la fantasía con lo real, con carruajes que vuelan y robots con forma de farola andando por el Westminster decimonónico, creando un estilo futurista. Por ejemplo, no podemos ambientar nuestro libro en las guerras napoleónicas y soltar que Napoleón ganó la guerra. Ese, según mi punto de vista, es el colmo de la manipulación, y a los lectores les dará la impresión de que no tenemos ni idea de los que estamos hablando. Las novelas no están para enseñar historia, cierto, pero tampoco para pegarle una patada a la misma :D.

Un saludo y gracias por sumarse al debate.

Rowyn Oliver dijo...

Yo voy a ser la nota discordante y encima soy historiadora.
creo que en la novela romántica es donde una escritora puede tomarse el mayor número de licencias. ¿Por qué? Pues precisamente para hacerla más romántica.
Yo cuando compro una novela romántica, no espero una novela histórica rigurosa y perfectamente documentada (que hay que son una maravilla y ríete de Álvaro Santamaría, y lo sabemos, pero no es lo que yo quiero leer).Todas somos conscientes de que hay autoras a quien les gusta documentarse y otras que adaptan la época a su trama y personajes.
Yo soy del segundo bando.
Aunque sepa sobre la época me he tomado muchas licencias, adaptando la realidad a mi historia. Todos los "errores" de mí libro son datos que cualquiera que visite la wikipedia podrá criticar y tachar como falsos. No es que no sea consciente de esa información, pero no tengo el más mínimo problema en cambiarla en beneficio de mi obra. Ahora sé que puede molestar y estoy de acuerdo con vosotras que lo mejor sería poner una nota de la autora (a mí no se me ocurrió para justificarme, pero lo voy a tener muy encuenta para próximas ocasiones).
Alguna vez alguien habló del historicismo mágico de ficción en las novelas románticas. Para que nos entendamos, libros de romántica, sobretodos medievales que describen una época que no se adapta a la realidad. Eso pasa mucho en el cine y la televisión y nadie se escandaliza. ¿Por qué cuando adaptan un libro al cine no son rigurosos? ¿Por qué hay autoras que falsean la realidad a la hora de escribir romántica? La respuesta creo que es muy sencilla, porque les gusta más así, no porque no puedan documentarse.

Alabaré siempre el trabajo de investigación de las autoras de romántica, pero no criticaré a aquellas que prefieran la ficción a la realidad.

Olivia Ardey dijo...

Histórica y contemporánea, ojo. Que desde que escribí mi última novela admiro la labor callada de documentación de las autoras que escriben actual. Ese sería otro tema de debate, pero tela también la faena que da abordar temas desconocidos. Otro beso.

Elena Garquin dijo...

Rigor ante todo, por respeto hacia tu trabajo y, sobre todo, hacia el lector, pero permitiéndonos algunas licencias. Si la protagonista tiene demasiada libertad, por ejemplo, habrá que justificar esa libertad (ella se escapa de la vigilancia de su carabina, o algo por el estilo) Lo de las personalidades es harina de otro costal. Yo creo que ahí sí que tenemos que ser flexibles, tanto a la hora de leer histórica como a la hora de escribir. Porque, ¿qué tendría de romántico que un caballero del siglo XII se fuera a la guerra y le pusiera a su dama un precioso cinturón de castidad para asegurarse su fidelidad? Eso sin contar con las normas de higiene que seguían (es decir, pocas o ninguna).

Ava Campbell dijo...

Coincido con el punto de vista mayoritario. Rigor histórico... salvo en el carácter de los personajes. Al menos en romántica, ese me parece un punto importante. Sin embargo, si escribiéramos histórica pura, eso tampoco sería negociable. Ana Iturgaiz, ya sabes , anímate con la histórica ;-)

dalasa dijo...

Las licencias históricas... todas las que quieran, en realidad no me importa. Eso sí, estoy de acuerdo en que lo mínimo que podrían hacer es decirlo en las últimas páginas del libro. ¿No ponen en las películas antes de que comiencen "Basado en hechos reales" "Todo lo que van a ver son hechos ficticios" o en alguna escena de un anuncio "Ni imitar"? Bien, pues es necesario y Urgente que lo hagan. ¿Por qué? Porque mis primas no se equivocarían con las fechas, y estoy segura de que aprenderían algo de historia seguro. Una novela histórica romántica lo dice ella misma, es Histórica, algún dato útil tiene que dar, y no un simple romance, es lo que las diferencia de las demás ¿no?

Miranda Kellaway dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ruth M. Lerga dijo...

Al teclado otra nota discordante. Licencias, sí, LICENCIAS. Las necesarias para hacer la historia romántica. No para decir que Jorge III fue rey en el siglo XII, pero sí para que, insisto, la historia pueda gustar, ya no a la lectora, sino a mí como "escritora". Yo tiro por Regencia, me encanta,
Y vamos, que en el XIX no se lavaban casi nunca, olían fatal; los hombres no respetaban en absoluto a las mujeres; de hecho estas tampoco solían respetarse demasiado a sí mismas ni a su género y condenaban al ostracismo a cualquiera que intentara un avance social para ellas; los malos tratos, físicos y psicológicos, estaban a la orden del día, tanto como las infidelidades; y la lista no tendría fin. Así que no sería capaz de escribir una historia en la que reflejara todo eso, ni aun pasándolo por encima.
Trato de ser muy rigurosa en los hechos históricos que menciono (algo se me escapa, seguro), en la forma de vida, en las costumbres de la época. Pero ¿rigor, solo rigor y nada más que rigor? Mmmm, por lo que esta menda lerenda entiende por rigor, va a ser que no.
Insisto, en el contexto sí, pero en los protas... Estoy con Ana Iturgaiz en que todas las épocas hubo mujeres sobresalientes (y más si Ana lo dice, que en historia está muy puesta), pero por cada una que destacó quemaron en el medievo a ni quiero saber cuántas...
Seamos francas, ninguna de nosotras es estricta hasta ese punto, ¿no?

Luciana dijo...

Ya he leído varias novelas que han "modificado" hechos históricos, moviéndolos para que encajen en la historia, pero explicado al finalizar el mismo.
La verdad, me molesta, pero lo puedo tolerar.
Besos.

Miranda Kellaway dijo...

Estamos de acuerdo en lo que dices, Ruth. Creo que todos los participantes lo hemos expresado así. Cuando hablamos de "rigor histórico" nos referimos precisamente al contexto histórico. No podemos inventárnoslo si decimos que escribimos histórica (el ejemplo de Jorge III es perfecto).
¿Y por qué el rigor histórico es imcompatible con el romanticismo? yo he leído muchas novelas "archi históricas" que tienen romances preciosos. La historia no se puede sacar de la manga, por muy bonita que sea la la relación amorosa que haya detrás. Se supone que escribimos novela para adultos, no cuentos Disney. Ahí te puedes inventar hasta el nombre del país. Sin embargo, en nuestro caso, mi opinión es que el contexto es intocable, y si se toca por alguna razón, hay que avisar.
Además, vemos que a los lectores les molesta bastante algunas licencias (algunos lo dicen en este debate).
Y sí, la ambientación y documentación correcta es muy importante. Por eso en las reseñas siempre nos encontramos con las frases "está muy bien ambientada", "el contexto histórico está relatado de forma impecable...".

Lilian dijo...

Estoy de acuerdo con la mayoría de vosotras.
Cuando se escribe una novela histórica, ya sea romántica o no, hay que investigar para que la historia tenga una buena base y sea coherente. No se trata de vomitar información para saturar al lector, sino de que el lector pueda situarse en esa época en concreto.
Una licencia histórica se puede tomar porque ningún lector actual podría entender el castellano antiguo. Se puede hablar como se hablaba hace cien o doscientos años, pero de una manera que el lector pueda entender y comprender. En cuanto al carácter de los personajes, sí. Se puede hacer alteraciones, especialmente en romántica, porque dudo mucho que como era la vida real en aquella época pueda llegar a enamorar a alguien. Siempre habrá quien se saliera de la tangente porque son aquellos que se salen de lo común los que logran que las cosas cambien.
Cuando escribo, intento acercarme lo más posible a la época en la que transcurren mis relatos, ya sean de principios del siglo XIX, de la Prehistoria o de la década de 1960. Hay que ser realista, sí, porque se trata de ser creíble. Pero también hay que tomarse alguna licencia, sin que se note mucho, para captar la atención del lector.
Si se altera algún hecho histórico, hay que contar al final el porqué de esa manipulación. Por ejemplo, en "Labios mentirosos", una novela de Valerie Sherwood, el duque de Monmouth es tiroteado por una amiga de la protagonista en la creencia de que si el duque muere, su prometido no irá a luchar por él (era partidario suyo). Al final, la autora cuenta que, efectivamente, alguien tiroteó al duque la mañana de la batalla decisiva, pero no se sabe a ciencia cierta quién fue. Se pone en la novela que fue esa chica porque le conviene a ella.
De lo que se trata es de que el lector no se sienta engañado por el escritor. De que pueda sentirse que está viviendo en esa época, pero entendiendo lo que se dice. De que los personajes se puedan salir un poco de la tangente para enamorar al lector.

 
FREE BLOGGER TEMPLATE BY DESIGNER BLOGS